Para ti, ¿qué es la patria?

Septiembre llega y México se viste de verde, blanco y rojo.

Las banderas aparecen en las calles. Las plazas se llenan. Escuchamos música mexicana, gritamos ¡Viva México! y recordamos a quienes hace más de dos siglos lucharon por la independencia.

Pero este septiembre quiero hacerte una pregunta distinta:

¿Para ti, qué es la patria?

¿Es una bandera?

¿Es un himno?

¿Es el Palacio Nacional?

¿Es la presidenta?

¿Es Morena?

¿Es el PAN, el PRI, Movimiento Ciudadano o cualquier otro partido?

No.

Ningún político es la patria.

Ningún partido es la patria.

Ningún gobierno es la patria.

México es mucho más grande que quienes temporalmente ocupan un cargo público.

La patria eres tú.

Es tu familia.

Es tu casa.

Es el vecino que trabaja todos los días para sacar adelante a sus hijos.

Es el pequeño comerciante que abre su negocio aunque sabe que puede ser víctima de la delincuencia.

Es el médico que hace lo posible con recursos insuficientes.

Es el maestro que sigue enseñando.

Es el trabajador que se levanta antes de que salga el sol.

Es el joven que quiere estudiar y encontrar oportunidades sin tener que abandonar su país.

Es cada mexicano que, a pesar de todo, sigue intentando construir una vida digna.

Eso es México.

Y por eso tenemos que hablar de lo que significa ser un verdadero patriota.

Porque ser patriota no significa aplaudir al gobierno.

Significa amar a México lo suficiente como para exigirle cuentas a quien lo gobierna.

Un verdadero patriota no defiende políticos.

Defiende principios.

Defiende la verdad.

Defiende la justicia.

Defiende las instituciones.

Defiende la libertad.

Defiende a los ciudadanos.

Y cuando un gobernante de su partido se equivoca, roba, miente o es señalado por vínculos con el crimen organizado, un verdadero patriota no pregunta primero:

”¿De qué partido es?”

Pregunta:

”¿Es verdad?”

Y si hay elementos que investigar, exige que se investigue.

Porque si somos capaces de defender a un político simplemente porque pertenece al partido que nosotros apoyamos, entonces no estamos defendiendo a México.

Estamos defendiendo a un partido.

Y hay una diferencia enorme.

Si un gobernante de Morena es señalado por posibles vínculos con el narcotráfico, no se le debe condenar sin pruebas.

Pero tampoco se le debe defender a capa y espada simplemente porque es de Morena.

Se debe investigar.

Y si es inocente, que la investigación lo demuestre.

Y si es culpable, que enfrente las consecuencias.

Eso es patriotismo.

Lo contrario es partidismo.

Y hay algo más que debemos entender.

Cuando escuchamos:

“Primero los pobres”, nadie debería estar en contra de que los pobres sean prioridad.

Pero precisamente por eso tenemos que hablar de corrupción.

Porque la corrupción no es un asunto abstracto.

Cada peso que desaparece de un presupuesto público es un peso que deja de llegar a donde debería.

A una escuela.

A una carretera.

A la seguridad.

A un hospital.

A medicamentos.

A servicios públicos.

A oportunidades.

La corrupción de las altas esferas termina golpeando, sobre todo, a quienes menos tienen.

Cuando un sistema de salud público no tiene los recursos suficientes para atender dignamente a una persona enferma, no estamos hablando simplemente de números en un presupuesto.

Estamos hablando de seres humanos.

De madres.

De padres.

De niños.

De abuelos.

De personas que no tienen dinero para buscar una alternativa privada.

Por eso combatir la corrupción también es defender a los pobres.

Exigir transparencia también es defender a los pobres.

Exigir instituciones independientes también es defender a los pobres.

Exigir seguridad también es defender a los pobres.

Y exigir gobiernos eficientes también es defender a los pobres.

Pero aquí viene la parte más incómoda.

¿Qué podemos hacer nosotros?

Porque es muy fácil señalar al presidente.

Es fácil culpar al gobernador.

Es fácil hablar del Congreso.

Es fácil decir que todos los políticos son corruptos.

Pero la patria comienza mucho más cerca.

Comienza en nuestra casa.

Tu casa es tu pequeño universo.

Ahí comienza tu responsabilidad con México.

Cuando enseñas a tus hijos a decir la verdad, estás defendiendo a México.

Cuando les enseñas que robar está mal aunque nadie los vea, estás defendiendo a México.

Cuando rechazas la famosa “mordida”, estás defendiendo a México.

Cuando no compras productos robados, estás defendiendo a México.

Cuando no utilizas tus influencias para obtener algo que no te corresponde, estás defendiendo a México.

Cuando respetas una fila, un semáforo, una norma o el derecho de otra persona, estás defendiendo a México.

Cuando trabajas honestamente, estás defendiendo a México.

Cuando pagas lo que corresponde, estás defendiendo a México.

Cuando ayudas a un vecino, estás defendiendo a México.

Cuando educas a tus hijos para que sean ciudadanos responsables y no súbditos de ningún político, estás defendiendo a México.

La patria también se defiende desde la sala de nuestra casa.

No necesitamos un cargo público.

No necesitamos un micrófono.

No necesitamos miles de seguidores.

Necesitamos responsabilidad.

Y sí.

México está herido.

La inseguridad ha cambiado la manera en que millones de mexicanos viven.

El crimen organizado ha penetrado territorios, economías e instituciones.

La economía aprieta a muchas familias.

La impunidad alimenta la desconfianza.

Y demasiadas veces vemos cómo el poder político parece más preocupado por defenderse a sí mismo que por rendir cuentas a los ciudadanos.

Pero precisamente por eso no podemos caer en el cinismo.

Porque decir:

“Todos son iguales.”

“Nada va a cambiar.”

“Para qué votar.”

“La política no sirve.”

también es una forma de entregar el país.

La democracia no consiste en escoger a nuestros dueños cada seis años.

Consiste en recordarles a quienes gobiernan que el poder les pertenece temporalmente porque los ciudadanos se lo confiamos.

Y cuando dejan de cumplir con esa responsabilidad, tenemos algo que ningún político debería olvidar:

el ciudadano.

El ciudadano que vota.

El ciudadano que observa.

El ciudadano que pregunta.

El ciudadano que denuncia.

El ciudadano que exige.

El ciudadano que participa.

El ciudadano que no se deja comprar.

El ciudadano que no cambia sus principios por una dádiva.

El ciudadano que entiende que un gobierno no es una familia que debemos obedecer.

Es un servicio que debemos supervisar.

Quizá ha llegado el momento de un verdadero avivamiento político en México.

No un avivamiento de partidos.

No un avivamiento de caudillos.

No un avivamiento de fanatismos.

Un avivamiento ciudadano.

Uno en el que dejemos de preguntarnos:

”¿Qué político va a salvar a México?”

Y empecemos a preguntarnos:

”¿Qué mexicanos estamos dispuestos a ser?”

Porque México no necesita ciudadanos enamorados de políticos.

Necesita ciudadanos enamorados de México.

Y quizá también ha llegado el momento de decir algo que durante demasiado tiempo nos ha costado aceptar:

Los políticos han tenido décadas para demostrar que pueden resolver nuestros problemas.

Algunos han hecho cosas buenas.

Otros han hecho cosas terribles.

Pero la historia nos ha demostrado una y otra vez que ningún partido, ningún presidente y ningún grupo político puede ser el salvador de una nación.

Por eso ya nos toca a nosotros.

Nos toca recuperar la política.

Nos toca recuperar nuestra voz.

Nos toca recuperar nuestras instituciones.

Nos toca vigilar al poder.

Nos toca castigar electoralmente al incompetente y al corrupto, sin importar de qué partido sea.

Ya nos toca echar a los malos gobiernos por la vía democrática.

No con violencia.

No con odio.

No con fanatismo.

Con ciudadanos despiertos.

Porque la patria no pertenece a quienes gobiernan.

La patria nos pertenece a nosotros.

Y si queremos un México diferente, quizá este septiembre no deberíamos limitarnos a gritar:

¡Viva México!

Deberíamos preguntarnos:

¿Qué estoy haciendo yo para que México viva?

Desde mi casa.

Desde mi familia.

Desde mi trabajo.

Desde mi comunidad.

Desde mi voto.

Desde mi responsabilidad.

Desde mi capacidad para decir la verdad aunque duela.

Porque ser mexicano es una circunstancia.

Pero ser un buen ciudadano es una decisión.

Y ser patriota no es defender al gobierno.

Es defender a México del mal gobierno.

Este septiembre, antes de preguntar quién merece nuestro aplauso, preguntémonos quién merece nuestra confianza.

Antes de defender a un político, defendamos la verdad.

Antes de defender a un partido, defendamos a México.

Y antes de exigir que alguien cambie al país…

empecemos por cambiar aquello que está bajo nuestro propio techo.

Porque la patria comienza ahí.

En casa.

Y México, en última instancia, somos todos nosotros.

¡Viva México!


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